Hoy en día la información es un activo muy importante en cualquier empresa ya que, en determinados sectores, es importante adelantarse a ciertos acontecimientos pudiendo así evitar problemas innecesarios que hagan que perdamos tiempo y dinero.

Soluciones de movilidad como MovilGmao permiten obtener datos que aumentan la productividad gracias al manejo de información en tiempo real. Esta información se podrá explotar para así tomar decisiones que permitirán aumentar nuestra productividad.

Si es cierto que es necesario ser cuidadoso con la información que se proporciona en internet, pero, por otro lado, debemos entender que el mundo está cambiando y este tipo de prácticas van a ser cada vez más habituales no solo en el entorno personal, también en el profesional.

 

Si un producto es gratis, el producto eres tú

Después del reciente escándalo de Facebook y Cambridge Analytica, en el que se denunció la explotación de datos personales de los usuarios de famosa red social, cada vez es más evidente que somos nosotros mismos los que consciente o inconscientemente proporcionamos información al mundo.

¿Por qué se habla tanto de algoritmos últimamente? Porque sabemos que están muy presentes en nuestro día a día y que de una manera u otra nos guían en el mundo digital, facilitan nuestro trabajo, nos ayudan a decidir dónde queremos comer o a qué concierto nos gustaría ir. Y, ¿lo mejor de todo? que siempre saben perfectamente cuáles son nuestras debilidades y nuestros gustos. No, no son adivinos simplemente saben qué edad tenemos, dónde vivimos, cuántos likes damos en un día y, lo más importante, a qué; dónde realizamos nuestras compras en internet y, con todo este conjunto de datos, nos enseñan a través de nuestro móvil u ordenador qué queremos en el momento perfecto.

Este es el precio que debemos pagar por tener una cuenta de correo electrónico, ver toda la actividad de nuestros amigos en Facebook, presumir de vacaciones en Instagram o acceder a cientos de ofertas de empleo en LinkedIn.

Según la Real Academia Española un algoritmo es un conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema.

Pero… iremos de menos a más.

Un ejemplo fácil y sencillo que todos entendemos es el de las operaciones matemáticas. Una multiplicación (sí, una multiplicación sencilla de las que se aprenden en el colegio) es un algoritmo. Las instrucciones de cualquier juguete también son un algoritmo, ya que no dejan de ser sencillas directrices que tienen como fin obtener resultados o soluciones.

Los algoritmos no son algo incomprensible, de hecho, están formados por operaciones muy sencillas que cualquiera puede resolver con éxito. La complejidad empieza cuando son máquinas las que hallan las soluciones.

Alan Turing, conocido como el padre de la computación (Paddington, Londres, 23 de junio de 1912-Wilmslow, Cheshire, 7 de junio de 1954) fue una de las primeras personas en relacionar algoritmos y ordenadores. Durante la Segunda Guerra Mundial Turing consiguió descifrar los códigos nazis de la máquina Enigma, hecho histórico de gran importancia ya que permitió acortar la duración de la guerra entre dos y cuatro años. Posteriormente diseñó uno de los primeros computadores electrónicos programables digitales en el Laboratorio Nacional de Física del Reino Unido y poco tiempo después construyó otra de las primeras máquinas en la Universidad de Mánchester. Fue una de las primeras personas en imaginar los ordenadores como los que utilizamos ahora en nuestro día a día.

La tesis de Church-Turing formula hipotéticamente la equivalencia entre los conceptos de función computable y máquina de Turing, que en un lenguaje común y accesible para todos sería: “Todo algoritmo es equivalente a una máquina de Turing”. No es en sí un teorema matemático: es una afirmación formalmente indemostrable, una hipótesis que, no obstante, tiene una aceptación prácticamente universal.

En definitiva, podríamos decir que existen dos tipos de problemas: los computables y los no computables. Todos nuestros móviles, ordenadores, tablets en los que dejamos información constantemente, son máquinas computables.

Conociendo todo esto podemos pensar que es imposible escapar de toda esta “fiebre de la información”. No pasa nada por comprar en internet, suscribirse a una newsletter o por abrirse una cuenta de Facebook siempre y cuando se lea la letra pequeña.

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